En la época medieval, los caballeros desenfundaban su espada, mataban al dragón y liberaban a la princesa presa en el castillo. Hoy, las princesas, no solo tienen su propio castillo, si no que portan espada y, quizá, hasta liberen a los caballeros…y, entonces ¿cuál es el papel del caballero? 

En este encuadre actual, la cuarta ola del feminismo arroja a una mujer ‘empoderada’, muy segura de sí misma, pero que debe luchar por todo hasta por el rol del hombre, lo que origina una batalla que deja al caballero casi desarmado…o, mejor dicho, desalmado…

Y es que, por naturaleza, cuando el hombre no tiene nada que defender, probablemente, se vea desorientado, lo cual es un bucle infinito de cambio de roles que lleva a la configuración de una sociedad confundida. Mientras tanto, la nueva generación se erige viendo a la mujer en el foco más que nunca, siendo evaluada en todo momento y al hombre cada vez más desligado del papel de protector de la familia.

El debate está en la agenda internacional de los conflictos sociales y es que todo comportamiento extremo genera una reacción extrema y nunca el equilibrio, por tanto, del machismo nace el feminismo y viceversa y el equilibrio está en que cada quien ejerza debidamente su función: el caballero, el protector y la princesa la pacificadora en igualdad de derechos y con el reconocimiento de sus atributos personales, sin caer en la discriminación positiva (darle atributos a quien no se lo merece), con el único fin de enriquecer la relación…al menos eso es lo ideal.

Probablemente, el conflicto entre el hombre y la mujer siempre haya existido, pero quizá, hoy la mujer se vea más envalentonada por la influencia de la propaganda política y del sector audiovisual, con series donde la mujer es la vencedora de las batallas aunque para ello deba ser agresiva e intolerante dejando al hombre como una figura inútil que dista mucho de, a su vez, el dulce caballero que todas desean.