La irrupción del marketing 3.0, está transformando el concepto de publicidad. Se trata de un concepto de comunicación más emocional, que conecte con la audiencia de forma indeleble: el inbound marketing o marketing de valor.

Y es que no se trata de que las acciones llevadas a cabo antes no tuvieran valor emocional (como los anuncios de grandes marcas como la Coca-Cola o la Pepsi-Cola, por ejemplo), se trata de que el foco vira de publicitar los beneficios de los productos, hacia la experiencia beneficiosa que ese producto tiene en el consumidor, relacionándolo con otros sectores y que enseñe algo más trascendental.

Así pues, al definir el core business (foco principal) de cada marca y establecer los drives (focos específicos) con los que trabajará, deberá idear estrategias e imaginar vincular los beneficios que puede dar a otros sectores. Por ejemplo: una marca de joyas se beneficiará, potencialmente, al colocar sus prendas a una marca de alta costura. Entonces, surge la simbiosis del partnership.

Los partners, o camaradas, comparten un grado de responsabilidad y confianza, para lograr objetivos que beneficien a los implicados mediante un performance (actuación) conjunto.

Dicha responsabilidad, muchas veces es intangible, vinculando más lo emocional, elementos motivacionales que cualquier desarrollador de marca necesita para hacer algo increíble, otras veces es meramente comercial y debe ser respaldada por métricas que desechen o mantengan dicha relación. 

En ambos casos, deberá haber por medio un documento donde se establezcan las políticas del trato, un contrato de contraprestación, para que, de forma transparente, se cumplan los objetivos planteados, con revisiones periódicas establecidas en un plan de trabajo al inicio de la campaña.

En el contrato de contraprestación se establece el canje de servicio por servicio, antiguo trueque, donde el valor del servicio o producto sea igual al valor del producto o servicio del partner y se delimitarán, de forma revisable, las responsabilidades de cada parte. Además, las cláusulas de penalización en caso de no cumplimiento y, también, la duración.

Así pues, se establecen las bases que harán más sostenible el desarrollo de la marca y, habrá más posibilidades de catapultarla hacia un lugar exclusivo que le dé valor. Todo ello se testa y se pone en marcha colocando en el escenario, también, la figura del  brand-ambassador o embajador de marca.