La reunión de mujeres tiende a ser un evento impactante, porque, en ese instante, se genera un gran campo de energía inconmensurable.

En ese instante, la mujer que ayuda a la mujer cobra su máximo esplendor y es que orientar a otras mujeres en la consecusión de sus objetivos profesionales, familiares o personales, tiende a ser el mayor logro de las mujeres en grupo.

En contra, por el comportamiento competitivo de un gran grupo de mujeres, que han tenido que luchar para conseguir sus objetivos, el propósito de ayudar se disuelve y tiene lugar la construcción de barreras de mujeres contra mujeres.

Desde las madres que ayudan a sus hijas hasta las jefas que protegen a sus pupilas vemos cómo, a pequeña escala, se van formando lazos de apoyo que tejen una gran sociedad de mujeres que ayudan a mujeres.

Sin embargo, aún hace falta mayor sensibilización para que las mujeres que están a cargo de la dirección de una empresa o de una familia, entiendan que otorgar poder a las próximas generaciones no es sinónimo de perder capacidades, si no más bien de perpetuar un gran legado de mujeres realmente poderosas.