Una mujer que NO lucha para tener poder, si no que se prepara para ejercerlo, es una mujer poderosa.

Muchas mujeres tienen la voz bajita y no se les escucha, a otras les sobra valentía que las saca del anonimato, una valentía que se despierta cuando son apoyadas por movimientos mediáticos, ya que, por cuenta propia, es muy difícil alzar la voz sin que salgan estereotipos que las identifiquen como histéricas.

En cualquier caso, una mujer poderosa es aquella que no tiene porqué luchar para ser escuchada. Es escuchada porque su poder reside en su capacidad de persuadir, es decir, engalana las frases para que su mensaje sea bien aceptado.

Sin embargo, esa distinción con la que la mujer se envuelve para que todo a su alrededor sea una cama de rosas tiende a pertenecer al mismo juego social en el que, al final, el hombre es quien toma la decisión.

Hoy, con tanta discriminación positiva, que le otorga a cualquiera más relevancia de la que tiene, las mujeres están más presionadas y es que deben demostrar, a toda costa lo que valen. Sin embargo, hay quienes no siguen ese hilo mediático y lo demuestran sin que en ello se le vaya su salud integral.

Al parecer, valer, tiene que ver con serlo todo y hacerlo bien: madre, empresaria, vecina, alumna, maestra, hermana, esposa, novia y todos los roles que se invente este tan cotizado mundo del «empoderamiento»; pero, de vez en cuando, surgen mujeres que no se rigen por esas reglas…la verdadera mujer con poder.

Una mujer poderosa no lucha para tener poder, simplemente, porque su capacidad natural de liderazgo la lleva, de forma inmediata, a estar en la posición más alta. Asume su rol de forma tan instantánea que no es capaz de percatarse de las barreras que pueden desestabilizar su posición.

Las barreras que surgen en la actuación de la vida de la mujer poderosa son casi invisibles: envidias de otras mujeres, quizá  incluso de otros hombres que temen por su posición, entre los cuales, puede encontrarse hasta su propia pareja, lo que deja a la mujer en un momento de rebelión que puede acabar con conductas auto destructivas.

Sin embargo, pese a todas las barreras, la mujer poderosa se abre paso y logra reunir lo que le hace más poderosa, la calma, que erradica la histeria estereotipada y la venganza infringida hacia cualquier círculo social que intente desplazarla.