En el pasado, no muy lejano, ser mujer y entrar en un bar no estaban dentro de la misma oración. Era mal visto que una mujer pudiera salir sola. Hoy, la mujer no solo sale sola, si no que, además, decide lo que hacer para encontrar diversión…

La sensación gratificante de poder decidir ha llevado a un tipo de mujeres a adoptar comportamientos tradicionalmente masculinos y es que en el fondo, el ser humano suele parecerse cuando traspasa la línea de la libertad al libertinaje y, entonces, surge el estereotipo de que una mujer independiente no puede llevar una vida de pareja.

Al parecer, viajar sola, beber hasta más no poder e, incluso, tener más de un romance a la vez ya está adjudicado a la mujer independiente, a la que la sociedad ya acepta, pero… ¿cuál sociedad? y ¿a qué independencia se refieren?

Analizando un poco más, hablando de mujeres y hombres independientes, el desequilibrio en las relaciones y, por ende, en la sociedad, ocurre cuando hay insatisfacción de alguna de las partes. Así pues, si un individuo, hombre o mujer, falta al compromiso de un hábito estable de pareja, ocurre el desequilibrio, no solo en la pareja, si no también en la sociedad, pues creará individuos insatisfechos. Es decir, al parecer, ser independientes y llevar una vida de pareja no suele caber en la misma oración…

Y es que, muchas veces, si investigáramos un poco al ver a una mujer viajando sola, bebiendo hasta la saciedad o buscando amores por doquier, nos daríamos cuenta de que está lanzando un mensaje de rebeldía a estar sola y, aunque suene contradictorio, las ganas irrefrenables de estar sola son, en la mayoría de veces, un grito de rebeldía por no poder sentirse bien estando acompañada…