El confinamiento, ese toque de queda por culpa de una epidemia, que obligó al mundo a detenerse y a valorar las pequeñas cosas de la vida, fue el mismo que dejó a una familia de campeones mundiales de carreras de montaña, moviéndose en el paraíso.

Comenzaron su gira en diciembre, nada más y nada menos que en Nepal, dejando la huella en el hielo del Everest.

Del hielo a las calurosa zona selvática de Costa Rica, en América Central, donde quedaron atrapados por el COVID-19, durante más de 50 días.

Cuenta Ragna, que jamás había vivido una situación tan extrema que la obligara a sobrevivir lejos de una competición. Esta vez se trataba de una necesidad vital: acampar en medio de la selva sin nada más que su familia cerca y toda la fauna de la selva tropical alrededor…

En ese enclave, la familia de tres, se detuvo por primera vez a observar lo que pisaban cuando corrían. Les dio tiempo para conversar durante horas en la penumbra de una noche temprana (en la selva anochecía a las 6 de la tarde) y, además, les dio la motivación para volver a competir en una de las carreras más duras de todas: Marathon des Sables, (aplazada a la primavera de 2021) de la que Ragna es la actual campeona mundial.