Instagram, es la aplicación que más capta la atención de una generación ‘cool’ o, al menos, eso parece. Likes, followers, haters y demás tecnisismos con los que pareciéramos haber nacido, no son más que la misma fórmula de siempre: fenómeno fan detrás de la estrella, pero, esta vez, pareciera que cualquiera puede serlo y casi sin tener talento…

En este encuadre, surge Emily en París, una serie de Netflix protagonizada por Lily Collins (31), sí, hija del super famoso cantante británico, Phill Collins.

Lily, cuya apariencia naif evoca a la belga, Audrey Hepburn (Breakfast at Tiffany’s), suele interpretar papeles de cuentos de hada que la hacen un icono de la comedia romántica, aunque, esta vez, algo más madura, se enfunda las marcas más exclusiva de moda en París, por lo que el diseño de producción es ¡DI-VI-NO!

El sello de calidad con el que cuenta la serie es estar producida por Darren Star, creador de la exitosa serie de televisión «Sex & The City», además, del argumento ideal que explica el equilibrio entre el desempeño que hace una talentosa profesional del marketing y la influencia de las instagramers para publicitar las marcas de moda.

Sin pretender hacer ningún tipo de spoiler, creemos que Emily en París, es esa crítica constructiva que nos lleva a concluir que un profesional de la publicidad, marketing o audiovisual y la visión de los creadores de las marcas deben dar un giro fresco a las nuevas tendencias sin olvidar la esencia del conocimiento que lo da la educación tradicional.