Aclaremos, ante todo, que en esta editorial no consideramos a la figura del «influencer» como embajador de marca.

Necesitamos impulsar y sacar la versión mejorada de un «it-model» ese modelo con un nosequé, que hace que lo que lleve nos fascine, pero que los productos no giren entorno a su estado de ánimo, ni de sus exigencias, si no, a la estrategia de marca que incluye, tener en cuenta las observaciones de ese modelo para mejora de la marca.

Queremos centrarnos en estudiar los verdaderos atributos de una figura que, tal y como lo hace un embajador de una nación, sea un portavoz, o, más bien, altavoz, con ética y profesionalidad, sin ser un escaparate andante, donde todos sus movimientos sean frívolamente calculados.

En la era digital, donde cualquiera puede figurar, pero no todos son figuras relevantes, es imperante que cada sponsor deconstruya su estrategia para saber que quien escoja deba saber comportarse fuera del código binario de Internet, porque, por muy conservador que parezca, la ética no se la lleva bien con la rebeldía.

Por tanto, el brand ambassador o embajador de marca, debe poseer ética profesional para cumplir las pautas establecidas en el convenio de contraprestación, al tiempo que su imagen se vea beneficiada, logrando así hacer girar un círculo virtuoso win-win. 

Por su parte, el sponsor, podrá inspirarse en su icono social para desarrollar su marca y atender, discretamente, a sus necesidades reales, porque, después de todo, es un generador de información muy valioso.

Así pues, tanto para escoger a una figura que ejerza de portavoz de una marca, como para escoger a una marca de la que ser portavoz, ambas partes: sponsor y brand ambassador, deben exponer lo que quiere uno del otro.

Por ello, ambos, se fijarán en el performance (actuación) de cada uno y se conectarán para pactar un acuerdo beneficioso para todos. Siempre, bajo un documento para tal fin. 

El convenio ideal es aquel que logre combinar todos los requerimientos para satisfacer las expectativas de unos y otros y, por su puesto, que logre impactar al consumidor.

La relación del embajador con el sponsor tiene la misión más profunda que puede abarcar desde hacer tests tanto el diseño como el uso del producto o servicio y, de acuerdo con el papel que se lo otorgue, idear y proponer mejoras e, incluso, impulsar la innovación y, por supuesto, otorgar créditos en audiovisuales o actuaciones.